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Siguiendo la huella de Hatsumi Sensei

Siguiendo la huella de Hatsumi Sensei

Daniel Hernández, Dai Shihan 15° Dan de la Escuela Bujinkan de Ninjutsu es el máximo referente en Argentina de esta escuela. Tiene 57 años y con el espíritu de un gladiador se dedica en cuerpo y alma a su amada escuela.

Luego de experimentar la práctica de otras artes marciales, se volcó por el ninjutsu para toda la vida. Admirador profundo de su maestro, Yoshiaki Hatsumi Sôke, tanto como persona como por ser la máxima autoridad de la Escuela Bujinkan, Hernández Sensei se dedica plenamente a la difusión de las tradiciones marciales de Bujinkan.

Desde que en 1986 emprendió el Camino del Budô, el reconocimiento de Sôke lo hizo punta de lanza ya que sus graduaciones fueron siempre las primeras en Sudamérica: Shodan (1987), Sakki Test y Shidoshi (1991), Shihan (1996), Chi Gyo Menkyo Kaiden (2000), Sui Gyo Menkyo Kaiden (2001), Ka Gyo Menkyo Kaiden (2002), Fu Gyo Menkyo Kaiden (2003), Ku Gyo Menkyo Kaiden (2004).

A través del mundo ha acompañado a Hatsumi Sôke en Torremolinos (1990/91), Islas Canarias (1991/92), Alicante, Sevilla, Francia, Barcelona, Italia, Alemania, Holanda, Argentina y Madrid, en 13 de los 23 Taikai (encuentros, competencias) que el Maestro ha realizado. Asimismo ha dictado seminarios y clases en diversos países como: España, Italia, México, Colombia, Venezuela, Chile, Uruguay, Brasil y lógicamente en nuestro país.

Hatsumi Sôke no sólo lo honra tomándolo como su alumno a partir del Godan Test (1991) sino que le permite organizar juntamente con el por entonces Shidoshi Carlos Pablo Etchegaray, el único taikai realizado en Argentina en 1993 -único también en Sudamérica-, en el cual impartió enseñanzas de Togakure Ryû Ninjutsu.

En un posterior viaje a Japón recibe la Medalla de Honor “Caballero del Budô” que otorga la Bujinkan Dojo Japón a sus miembros más destacados. En 1998 Hatsumi Sôke bautizó el dôjô de Hernández como “Tan Go Dôjô”, es decir “El que se ilumina a través del sacrificio y la perseverancia”.

En diciembre de 2012 lo honra con el Menkyo Shin Gi Tai (“El que ha alcanzado el más alto nivel de desarrollo y unión mental – físico – espiritual”). En mayo de 2015 le invade el agradecimiento inconmensurable al recibir de manos de Sôke Hatsumi el Menkyo Dai Shihan siendo una de las 7 personas con este grado fuera de Japón.

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Hemos realizado un repaso de su extensa trayectoria y se encontró muy entusiasmado para la entrevista.

-¿Cómo fueron tus inicios dentro del arte marcial?

A los 11 años de edad comencé con judo, entrenaba en el club San Andrés de San Martín y luego pasé al club Teléfonos del Estado durante 5 años. Luego incursioné en el taekwondo 5 años también. Después hice wushu kung fu por 4 años, luego kendo e iaido con el Sensei Oscar Cirone. Por último hice karate-do del estilo Uechi Ryu con el Sensei Gondra durante muchos años y fue lo que coronó mi formación en las artes marciales.

Yo siempre fui muy delgado y cualquiera era más grande que yo. Cuando comencé karate en ese entonces no había categorías, ni peso ni graduaciones para entrenar kumite o combate. Aprendí con el estilo Uechi Ryu lo que es resistencia y a no tener miedo. Empecé a elaborar sistemas de ataques y contra ataques para no salir tan golpeado ya que en nuestra escuela el combate terminaba cuando el oponente no se podía levantar. Por ese motivo le agradezco mucho a Sensei Gondra por mi formación, él formó mi cuerpo y mi espíritu. Gracias a eso pude resistir lo que vino después, los 30 años en la escuela Bujinkan. Desde que conocí a Hatsumi Sensei quedé maravillado y embrujado por la facilidad de movimientos y hasta no lo podía creer.

-¿Cómo conociste a Hatsumi Sensei?
Me acuerdo que fui con un alumno cinturón negro de karate a un campamento de una semana en Chapadmalal (pcia. de Buenos Aires, Argentina) donde un sensei que venía de España iba a dar un curso. En el transcurso de los días me ofreció que me acercara a su arte y durante los tres meses que permaneció aquí pude introducirme en esta disciplina. Luego regresó a España y no volvió más cuando yo ya tenía alumnos a cargo, por lo que pensé que me habían engañado.

Por eso llamé a España y me dieron su dirección; mi papá con una gran generosidad me compró los pasajes y me fui hasta allá. En el viaje, perdí la maleta, me quedó el bolso de mano donde tenía sólo mi equipo de práctica, lo demás no importaba.
Ya en España pude dar con el maestro de la persona que me enseñó en Buenos Aires, era Ruy de Mendoza; luego de entrenar un tiempo con él conocí por fin a Hatsumi Sensei quien, en 1991, me tomó como su alumno. Estuve viviendo dos años allá y a partir de ahí me quedé para seguirlo por todos lados, por Inglaterra, Italia, Holanda, etc. Y después, Japón, así hasta el día de hoy.

-¿Fuiste el introductor de este estilo en el país?
En el tiempo puedo nombrar a Carlos Echegaray con quien estuvimos juntos, pero sí, la realidad es que soy un puntal y a partir de ahí mis viajes a Japón ya que había quedado maravillado por este arte que me quitó el “almidón” de encima.

-Hatsumi Sensei es el mayor referente, es tu modelo. ¿Es la persona que te ha marcado para toda la vida?
Fui muy amigo de Sensei Yamashita de judo, sentí muchísimo su partida. Si bien no estuve con judogi bajo sus órdenes, venia con frecuencia a mi dojo, me daba muchos consejos, y yo dejaba todo para ir a conversar con él, lo quería como un padre.

En Bujinkan, Ishizuka Sensei me ayudó mucho y es un referente importante en Japón, pero mi gran referente es Hatsumi Sensei. Es el anciano dragón blanco como se llama ahora. Me enseñó que no hay nada más importante que amar, el amor vence cualquier tipo de arma, la sonrisa vence cualquier tipo de arma. Estoy entrenado para afrontar una situación límite en cualquier momento porque estoy preparado. Él me enseñó a enfrentar situaciones con una sonrisa, pero sonrisa real, no la sobradora, sino la que sale del corazón. Te das cuenta que esa persona es feliz, más allá de las circunstancias. Esa persona disfruta con la salud o la felicidad del otro, no le hace falta la de él porque es solidario.

Si a mí no me va bien, pero te veo a vos y me contás cosas lindas, entonces yo dejo mi tristeza y me encanta reírme y ser feliz junto a vos. Eso me autogenera una gran energía para seguir.

Todos le piden a Dios, Buda, Jesús, o a Kamisama, todos le piden dame salud, paz y muchas cosas y nadie le pide donde está la fe. Como los templarios, ellos creían que en el dolor, las lágrimas, marcas y cicatrices estaba la fe, por eso no pedían lo mismo que las demás personas. Por eso yo pido antes por otro que por mí, sino no sos solidario no llegás a ningún lado. A pesar que el arte marcial es muy individual, aprendemos a vivir en comunidad, si te pasa a vos, me pasa a mí.

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-¿Qué anécdotas recordás con Hatsumi Sensei?

En el año 93 organizamos con Carlos Echegaray el primer taikai (competencia) en el país y lo trajimos a Hatsumi Sensei. La anécdota sucedió en el Jardín Japonés. Él quería salir a algún lugar y llovía torrencialmente. Habíamos planificado llevarlo al Jardín y no le habíamos comentado nada todavía. “Vengo de Inglaterra y siempre me pasa lo mismo, me llevan a conocer un Jardín Japonés y de japonés no tienen nada” comentó Sensei. Cuando le contamos que íbamos para allá se reía, pero llovía como nunca. Entró al Jardín y comenzó a correr, se subió al puente rojo y se agarró la cabeza, nosotros corriendo detrás de él, pensando qué le pasaba…pensamos que se había vuelto loco. “Esto es maravilloso. Este es el primer jardín japonés que es japonés. Esto es un pedazo de Japón, gracias por traerme acá”, decía feliz.

Otra anécdota sucedió en el momento que se tenía que ir. Habíamos hecho un esfuerzo muy grande económicamente, nuestras tarjetas en rojo y había que pagar la cuenta del maestro de lo que había consumido en el hotel. Habían sido 6 días de hospedaje, pero sólo había que pagar 10 pesos, no lo podía creer. Me conmovió mucho, me puse a llorar al saber que él había pagado todo, salvo un agua mineral que dejó que pagáramos nosotros para que su actitud no nos ofendiera. Ahí empezó mi amor no sólo por ser mi sensei sino por ser una persona fantástica y solidaria. Él me enseño que para ser un maestro tenés que tener esas cualidades.

En Japón tuve muchas conversaciones con él en su casa, acerca de su forma de pensar sobre su maestro. Él estuvo enojado con su maestro, Takamatsu Sensei, en los últimos años de su vida ya que no entendía muchas cosas e incluso luego de fallecido su maestro, seguía sintiendo ese dolor y el enojo dentro de sí mismo cuando iba a entrenar. Me contó que él viajaba 12 horas para verlo y le preguntaba algo, lo dejaba por dos horas sentado y cuando regresaba le decía anunciaba que se había terminado la clase y se tenía que volver. Cuando volvía a preguntarle no le respondía. Ahí se dio cuenta y aprendió que el alumno recibe de su maestro lo que le da y no lo que el alumno desea. Hastsumi Sensei dice que se comunica con su maestro a través de la práctica o entrenamiento cuando transpira mucho, ese vapor se eleva al cielo y puede comunicarse y conversar con él y decirle que al fin comprendió. Le dice a su maestro: “qué fácil que es ser un buen guerrero y qué difícil es ser un buen ser humano”. Yo estoy detrás de esa huella, detrás de la senda de Hatsumi Sensei, mi maestro.

-¿Cómo te consideras como practicante?

Me considero un practicante. Con mi edad si practicaste, entrenaste y si aprendiste con el espíritu, entonces el espíritu le gana al cuerpo. Estás de pie, más allá de las circunstancias. Hay un lema que me marcó muchísimo: “Por más que me caiga, 9 dioses demonios me levantarán”.

A mi edad, estoy tratando de sacar de adentro todo lo que tengo para servir y ayudar. Si me preguntás por una virtud, serían perseverancia y resistencia y por eso sigo de pie. Tengo que corregir muchísimas cosas y defectos, he cometido muchísimos errores, pero llorar es perder el tiempo, el pedir perdón es importante; entonces ponete a trabajar y hacé algo para corregir lo que hiciste mal.

Me considero una persona amable pero muy sencilla, de barrio, vengo de abajo y es por eso que me gusta tanto el cinturón blanco, no quiero perder eso de sonrojarme, o el pedir permiso para entrar a algún lugar. Por ese motivo me llevo muy bien con la cultura japonesa porque allá hay que pedir permiso para todo, y eso lo aprendés de cuna, en tu casa. Y tuve la gran fortuna de tener padres que me han educado muy bien. Acá estoy levantando la bandera de lo que amo. Me encantaría compartir esta enseñanza con la juventud.

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-¿Cómo te consideras como maestro? ¿Sos un sensei rígido o flexible?

Era rígido, pasé por muchos estados. Fui extremadamente rígido, tuve una formación muy dura. Después vi que la rigidez se puede romper, algo rígido se quiebra. Mi objetivo es que el mensaje de mi maestro perdure. Me considero un vocero y un sacerdote de él.

-Sos un maestro cariñoso con tus alumnos, ¿cómo demostrás que los querés?

Yo siempre les doy consejos, siempre les digo que hay dos dojos: el lugar de práctica y la calle, deben prepararse para llegar a sus casas y proteger el tesoro que tienen que son sus familias. Siempre tienen que prepararse para el día de mañana, para levantarse y volver a empezar. Cuidar al otro, les inculco estar del lado del más débil y que no tiene que tener mordaza la verdad.

-¿Cuáles son tus objetivos en la vida y en el ninjutsu?

El ninjutsu es para toda la vida y para el después también. El maestro habla de una montaña llamado sufrimiento que hay que atravesar. Un día me dijo que él podía ir conmigo a la montaña, pero que yo tengo que atravesarla solo, me deseó suerte para ese momento y me dijo que me va a estar esperando del otro lado. De este lado de la montaña él me enseña técnicas vivas, cuando él esté del otro lado, me enseñará las otras técnicas refiriéndose a la vida y la muerte.
Sensei tiene en su casa el monumento de su maestro Takamatsu Sensei, y quiere grabar en piedras los nombres de todos los de 15° Dan para colocarlos al pie de ese lugar. También me mostró otro lugar en donde había piedras de forma femenina y masculina; me explicó que estas piedras son compañeros que ya fallecieron y están todos en este lugar juntos de nuevo.

Me dijo que seguro alguien traerá su piedra acá cuando sea el momento y seguramente alguien llevará mi piedra a ese lugar y allí nos volveremos a encontrar. Y el sensei afirmó: “Eso es el arte y no te estoy hablando de técnicas, sino del corazón”.

-¿Cuáles son tus objetivos en la vida y en tu arte que amás?

Que la gente que amo sea feliz; ver el logro de los objetivos de los demás, sería fantástico, serían los míos.

Daniel posee la máxima graduación que se le puede otorgar a un practicante de la escuela Bujinkan, pero su corazón es más grande que su meritoria y reciente graduación. Agradecimiento y amor por su Sensei Hatsumi demuestran su don de persona y si a esto le agregamos que antepone la felicidad de los demás sobre su propia felicidad, entonces estamos ante un gran maestro como continuador de la huella de su referente, modelo y guía en su vida: Yoshiaki Hatsumi Sensei.

Ninjutsu Bujinkan es una escuela formada por 9 ryu (escuela) tradicionales japonesas, con más de 3000 años de antigüedad. Es liderada por Masaaki Hatsumi Sôke quien es considerado un tesoro viviente en Japón nombrado por el Emperador Hirohito.

La escuela Bujinkai cuenta con innumerables reconocimientos a nivel internacional de distintos países como EEUU, Francia, Inglaterra, Alemania, etc. y por diferentes organismos tales como el Pentágono, los Rangers de Texas y Arizona, los Royal Marines, SAS, FBI, entre otros.

El sistema de graduación implementado en Bujinkan va de cinturón blanco a shodan (1° Dan) luego a Shidoshi (5° dan – Asistente de instructor), Shihan (10° dan – Instructor/Maestro); a partir de Shihan existen profundizaciones basadas en los 5 elementos (tierra / agua / fuego / viento / vacío) que se van alcanzando con el tiempo y entrenamiento.

Existen también otros reconocimientos especiales que Sôke entrega a los Shihan como el Shin Gi Tai (“El que alcanzo los conocimientos completos mental / físico / espiritual de los 5 elementos”) y el Yuushu Shihan (“Excelente Shihan”). El último grado entregado es el Dai Shihan (“Gran Maestro”), que en la actualidad sólo poseen 3 personas en Japón y 7 en el resto del mundo.

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