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Nobuo Miyake, testigo viviente de Hiroshima
Nobuo Miyake con Mónica Kogiso. Foto gentileza de Mónica Kogiso.

Nobuo Miyake, testigo viviente de Hiroshima

La bomba atómica que fue lanzada en Hiroshima – y posteriormente en Nagasaki – causó más de 130.000 muertos y una onda expansiva enorme que dejó a su paso más de 300.000 heridos. Aun hoy, después de 71 años, sigue habiendo secuelas: sus sobrevivientes, los hibakushas, son discriminados, víctimas de diferentes enfermedades por la radiación recibida.

Hace unos años atrás visité el Museo Memorial de la Paz de Hiroshima. Pude ver el horror que causa un arma nuclear a través de fotos y objetos. El Museo hace reflexionar y pensar sobre la humanidad. Un día un amigo mío me presenta un señor llamado Nobuo Miyake, un sobreviviente de Hiroshima que a sus 87 años viaja por el mundo llevando su testimonio y reclama por la prohibición y la abolición de las armas nucleares.

Escuchar su historia es escuchar en primera persona lo sucedido aquel 6 de agosto de 1945.

Cuando lo conocí, tenía puesto una faja y usaba bastón. Había jugado al ping pong y se había lastimado la cintura. Nos sentamos en un sillón. Me pregunta de dónde vengo. Le respondo que soy de Argentina. Hace un silencio y comienza a relatarme su historia.

Como los lunes eran los días de descanso en la fábrica,  Miyake de 16 años, aprovechó para ir a la casa de los primos donde su mamá estaba desde hace algunos días concurriendo a un hospital cercano. Como no venía el tranvía, decidió hacer trasbordo con uno que se dirigía al centro de la ciudad de Hiroshima.

A las 8:15 horas una gran luz azul alumbró el techo del tranvía que estaba colmado de gente. Estaba parado en el medio de la muchedumbre, casi al final del coche. Creyó que fue un cortocircuito y para no electrocutarse, saltó desde la puerta a la acera. Fue en ese instante cuando hubo una onda expansiva. Pasaron unos segundos hasta que se dio cuenta que respiraba y estaba vivo. Abrió los ojos, pero todo era oscuro…de a poco recuperó la visión….se encontró con edificios destruidos y con escombros desparramados por todas partes.

Nobuo Miyake. Foto gentileza de Mónica Kogiso.

Nobuo Miyake. Foto gentileza de Mónica Kogiso.

Escuchar a Miyake-san emociona.  Habla pausado como si cada palabra que pronuncia tuviera un significado especial. Quisiera hacerle miles de preguntas, pero sólo atino a escucharlo en silencio y tomo nota de su testimonio.

“Estaba a 1.8 km del epicentro. Los que estaban dentro del tranvía sufrieron heridas por los pedazos de vidrios que se rompieron por la gran explosión. El maquinista murió al instante al recibir el destello de luz. Yo me salvé de la radiación porque en ese momento estaba saltando de la puerta del tranvía.

 “Si bien me lastimé el pie, fui en busca de mi madre. La casa estaba medio destruida. La encontré y la cargué sobre mis espaldas y la llevé a un lugar abierto cerca de la vía ya que vi que una bola de fuego venía hacia donde estaba la casa.

“Muchas personas, heridos y quemados,  venían caminando del centro de la ciudad y se dirigían hacia nosotros huyendo del fuego. No se distinguían si eran hombres o mujeres, ancianos o niños, pero todos agonizaban y marchaban como si fueran fantasmas con las manos hacia adelante. Susurraban palabras como “Me duele”, “Por favor ayúdame”, “Me quema”. Era el infierno mismo en la Tierra.

“Al rato vino un camión militar que cargaba a los heridos. Mi madre se había lastimado la cintura y no podía caminar. Entonces la subí al camión. Me quedé solo. Fui hacia el río porque estaba lleno de polvo y cenizas y quería sacudirme un poco. Pero allí me encontré con cadáveres que flotaban. Personas que se habían tirado al río por no aguantar el dolor de las quemaduras o quizás tenían sed y querían tomar agua y se ahogaron de la desesperación. Giré la cabeza hacia un costado y las casas que había visto esa mañana habían desaparecido…solamente había escombros y restos cubiertos por el fuego.

“Recuerdo que en el medio de las ruinas de la estación de Hiroshima, sobre los cimientos de una piedra vi escrito en tinta: El enemigo tiró una bomba de alta potencia a las 8.15 horas.

“A medianoche tomé un tren que me llevaba a la casa de mi abuela. Así terminó ese largo día”.

Sus palabras son desgarradoras. Siento su dolor. Después de un par de semanas, su mamá regresó a su casa al mismo tiempo que él regresaba de Tokio. Se había ido a Tokio en tren a la casa de un pariente. El camión había llevado a su madre a una isla cercana donde los heridos recibían atención. Recuerda que ella le comentó que había visto muchas personas que iban falleciendo a medida que pasaban los días. El dolor de esas personas era desesperante.

Al igual que Miyake san, ella tampoco sufrió ninguna quemadura ni radiación. Estaba dentro de su casa al momento del destello de luz seguido de la onda expansiva. Él solamente tuvo una herida que comúnmente se cura en unos días, pero recuerda que tardó mucho tiempo en cerrarse.

Nobuo Miyake con Mónica Kogiso. Foto gentileza de Mónica Kogiso.

Nobuo Miyake con Mónica Kogiso. Foto gentileza de Mónica Kogiso.

Tras finalizar sus estudios en la escuela superior en Hiroshima, Miyake-san se fue a vivir a Tokio. Estudió y se casó en la capital nipona. Allí tuvo 2 hijos. Nunca más habló sobre lo sucedido. Borró de su memoria el espanto vivido esos días hasta luego de cumplir los 50 años, cuando una organización relacionada con los sobrevivientes de Hiroshima se puso en contacto con él. Descubrió que muchos sobrevivientes sufrieron discriminación, que no recibieron una compensación económica justa, y que tuvieron severas consecuencias por la radiación.

La herida de Hiroshima, al igual que su herida en la pierna, tardó mucho tiempo en sanar. Pero las secuelas de esa arma tan potente aún siguen latentes. Entonces creyó firmemente que como testigo viviente de Hiroshima debe trasmitir a las siguientes generaciones que las armas nucleares no llevan a buen camino. Solamente generan un daño humanitario y ambiental.

”En el mundo hay nueve países que poseen armas nucleares y realizan pruebas nucleares en diferentes lugares. Existen 16.400, que en conjunto podrían traer el fin de la humanidad. Si uno tiene armas nucleares es porque las quiere usar. El hombre es así”. 

“No hay que sembrar odio entre los países sino pensar entre las personas, reflexionar qué podemos hacer para que prevalezca la paz y comprender al mismo tiempo que la paz es algo muy frágil”.

Esta es la experiencia de Hiroshima contada en primera persona. La historia de Hiroshima que no debe repetirse jamás.

Mónica V. Kogiso, Lic. en turismo, especialista en viajes a Japón y Oriente. Traductora literaria (“Una novela real” de Minae Mizumura y cuentos infantiles). Coordinadora de producción para medios de prensa japonesa para MonchiMedia.

Mail: monchikogiso@gmail.com

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Acerca de Mónica Kogiso

Lic. en Turismo, especialista en viajes a Japón y Oriente. Ha organizado viajes individuales y grupales a Japón y Lejano Oriente en diferentes operadoras mayoristas de turismo. Traductora literaria (“Una novela real” de Minae Mizumura y cuentos infantiles: “Romeo no está contento”, “Rosa (y Romeo también)” de Hiroko Ohmori,” La casa de los cubos” de Kenya Hirata, “El teléfono de las ardillas” de Kazue Takahashi). Actualmente trabaja desde su productora como coordinadora de producción para medios y productoras japonesas. Expresidente y asesora del Centro Nikkei Argentino.

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